El contrato de arrendamiento de aeronaves (I): Concepto y caracteres

Es arrendamiento de aeronaves aquel acuerdo mediante el cual una persona (llamada arrendador) se obliga frente a otra (llamada arrendatario) a cederle el uso y el goce de una aeronave por un tiempo determinado (o por uno o varios vuelos) y por un precio cierto

Su naturaleza jurídica es la de arrendamiento de cosas. No existe en la actualidad ninguna regulación específica sobre arrendamiento de aeronaves (la única existente únicamente, como se verá en otro momento, tiene por objeto establecer procedimientos para controlar la cesión de aeronaves entre compañías aéreas), por lo que la relación obligatoria deberá regirse, en primer lugar, por los pactos que las partes hayan entregado a la libertad contractual en ejercicio de la autonomía privada (art. 1255 Cc), y de forma supletoria, en lo no previsto por aquellas, por las disposiciones del Derecho Común en materia de arrendamiento de cosas. 

No obstante de compartir con el arrendamiento de cosas las obligaciones principales que incumben a cada una de las partes, el arrendamiento de aeronaves presenta algunos caracteres especiales, teniendo en cuenta que la cosa sobre la que recae la prestación de dar, es una aeronave, y ésta es una cosa mueble compuesta. Además, ha sido necesario adaptarlo a la complejidad de las relaciones jurídicas nacidas en torno a la actividad en la que se inserta: el transporte aéreo.

Su contenido obligacional, por tanto, varía en algunos aspectos dependiendo de la modalidad elegida en función de las necesidades del arrendatario (con o sin tripulación), pero, esencialmente, son comunes a cualquiera de ellas las obligaciones principales  de las partes, que son las siguientes. Por lo que se refiere al arrendador su obligación principal es la de hacer entrega de la aeronave cuyo uso se cede, obligación que se hace extensible a todos los accesorios e instrumentos necesarios para servir a su finalidad. Esta obligación de entregar la cosa junto con sus accesorios reviste especial importancia cuando de aeronaves se trata, ya que la aeronave, como ya se ha indicado, es una cosa mueble compuesta. Esto quiere decir que “está integrada por cosas simples, siendo unos elementos esenciales y otros accesorios, por piezas, partes  y pertenencias susceptibles de existencia independiente pero orgánicamente unidas como conjunto perteneciente a un todo.”[1] En efecto, en la estructura de un avión pueden distinguirse las partes que lo componen, (fuselaje, planos, tren de aterrizaje, empenaje de cola) compuestas a su vez por otras piezas o elementos (carenados, flaps, alerones, ruedas, timones de dirección y profundidad, instrumentos de navegación… etc) dependientes funcionalmente unos de otros y necesarios todos ellos para que la aeronave sirva al uso al que se destina, la navegación por aire. Ahora bien, de entre todos, la doctrina atribuye especial relevancia los motores, ya que son las partes que dotan a la aeronave de la fuerza de empuje necesaria para acelerarla y contrarrestar la resistencia del aire. Sin la fuerza propulsora que le proporcionan,  la aeronave dejaría de ser apta para navegar, y por lo tanto para el transporte. MORILLAS JARILLO evidencia el carácter de parte separable de los motores, los cuales son individualizables e intercambiables. Señala además, que pueden desprenderse de la célula sin que se produzca alteración destructiva del resto de los elementos singulares que la componen, pudiendo por si mismos ser objeto de contratos y derechos reales de garantía.[2]

Por lo tanto, la obligación del arrendador de entregar la aeronave junto con los elementos y accesorios para usarla conforme a su destino, se concreta en la entrega de una aeronave completamente armada con todos los elementos que sirven a una navegación eficiente y segura,   equipada con todos los materiales y equipos de emergencia, primeros auxilios y salvamento, y provista de toda la documentación de a bordo que se exijan reglamentariamente. 

Además, debe tratarse de una aeronave determinada en el contrato mediante la indicación de los datos que la individualizan: matrícula, nacionalidad y características técnicas.[3]

 Al arrendatario, le corresponde pagar el precio estipulado  en los términos convenidos (renta, lugar y tiempo). El precio ha de ser cierto. En aplicación del art. 1273 Cc. esto implica que la determinación del precio se produzca al momento de formalizar el contrato, y en su defecto, que sea posible determinarlo en un momento posterior sin necesidad de un nuevo convenio entre las partes. En segundo lugar, el arrendatario está obligado a usar la aeronave diligentemente, esto es, a usarla según su naturaleza y dentro de los límites y condiciones acordados, restituyéndola al arrendador a la finalización del contrato, en el lugar indicado, y en el mismo estado en el que se le entregó.

En cuanto a la forma, el contrato de arrendamiento es un contrato consensual que se perfecciona con el mero consentimiento, no estando sujeto a formalidad alguna de la que se haga depender su validez. Ahora bien, el RD 384/2015 de 22 de mayo por el que se aprueba el Reglamento de matriculación de aeronaves civiles, obliga, en su art. 8.3 a inscribir los contratos de arrendamiento o cualquier otro título traslativo del uso o la posesión de la aeronave, salvo que se trate de contratos de duración igual o inferior a seis meses, razón por la que se exige que el contrato se formalice por escrito.[4]

Por último, el arrendamiento  ha de ser por tiempo determinado. Lo habitual será que las partes precisen el tiempo de vigencia del mismo (o una serie determinada de vuelos), expirado el cual se entenderá terminado en el momento prefijado sin necesidad de requerimiento. (art. 1565 Cc.)


[1] GAY DE MONTELLÁ, R.: “Principios de Derecho Aeronáutico. Con referencia a las legislaciones de los principales Estados de Europa y de América.” Buenos Aires. Depalma, 1950, pág. 78. Citado por MORILLAS JARILLO, M.J.: “La aeronave como cosa compuesta. La singularidad del régimen de los motores.” “Estudios de Derecho Aéreo: Aeronave y liberalización.” Ed. Marcial Pons. Madrid, 2008.
[2] V. MORILLAS JARILLO, M.J.: “La aeronave como cosa compuesta…” op.cit. págs. 91-107.
[3] LLORENTE GÓMEZ DE SEGURA, C.: “Los contratos internacionales de utilización de aeronaves: a modo de síntesis.” Cuadernos de Derecho Transnacional (Marzo, 2012) Vol. 4, Nº 1. Págs. 151-164. ISSN 1989-4570.
[4] En este mismo sentido LLORENTE GÓMEZ DE SEGURA, C.: “Los contratos internacionales de utilización de aeronaves…” Op. Cit. pág. 154.

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