El contrato de pasaje aéreo



Imagen de Ryan McGuire (Pixabay)
El contrato de pasaje aéreo se define como aquel por el que una persona, denominada transportista o porteador, se compromete, a cambio de una contraprestación económica, a transportar por vía aérea y de manera indemne a otra, denominada pasajero o usuario, junto con su equipaje, de conformidad con las condiciones estipuladas en el contrato

Su naturaleza jurídica es la de contrato de obra y resultado, puesto que la obligación asumida por el transportista no se limita solamente a realizar el traslado, sino que además debe hacerlo en las condiciones de lugar y tiempo establecidas en el mismo. 

Además de esta obligación principal de efectuar el traslado de un lugar a otro, del contrato de pasaje aéreo se derivan otras obligaciones que el transportista debe cumplir, como la expedición del correspondiente billete, velar por la seguridad de las personas y la carga transportada, y responder por el incumplimiento del contrato y de los daños eventualmente causados.

Por su parte, el pasajero, además de pagar el precio del transporte, deberá presentarse en el aeropuerto con la antelación indicada por el transportista, respetar la normas de la compañía así como las nacionales e internacionales que resulten de aplicación (aduaneras, de policía, sanitarias, etc…), responder frente al transportista por los daños que pueda causar, y mantener  la disciplina a bordo de la aeronave, acatando las instrucciones y órdenes impartidas por el Comandante y el resto de la tripulación. 

Es un contrato de adhesión, pues sus condiciones (llamadas condiciones generales de la contratación)[1] quedan fijadas unilateralmente por una de las partes, el transportista, quedando al pasajero o usuario la única opción de adherirse a ellas si quiere contratar el servicio.[2] En materia de condiciones generales de la contratación en el transporte aéreo, deben mencionarse las dictadas por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA),  las Passenger and Cargo Services Conference Resolutions.  Cabe advertir que son disposiciones de carácter no vinculante (prácticas recomendadas), si bien se vienen utilizando por la mayoría de las compañías asociadas a la IATA tanto para vuelos internacionales como nacionales. Las primeras, denominadas Condiciones de Viena, se remontan al año 1927. Actualmente es la Práctica Recomendada 1724 la que se viene insertando como parte de las condiciones generales del contrato de pasaje y equipaje.[3]

Es un contrato típico. Se encuentra regulado en la Ley 48/1960, de 21 de julio, de Navegación Aérea (arts. 92 – 101) y en el Convenio de Montreal, de 28 de mayo de 1999, para la unificación de ciertas reglas para el transporte aéreo internacional. Asimismo, aparecía regulado en el Anteproyecto de Ley del Código Mercantil, aunque finalmente se optó por excluir los contratos de transporte, limitándose la nueva versión a remitir a la normativa sectorial de cada uno de ellos. 

Así, la nueva redacción del art. 563-1 del Anteproyecto reza que “el contrato de transporte aéreo se regirá por su legislación específica.” La razón se encuentra en que el nuevo Código Mercantil serviría al objetivo de abordar materias que careciesen de regulación, además de garantizar la uniformidad de las reglas contractuales que han de regir en todo el territorio para las operaciones mercantiles. En el caso de los transportes en general, y del aéreo en particular, se trata de un sector que ya cuenta con una normativa bien definida, tanto a nivel interno como europeo e internacional, que, por otra parte, suele ser objeto de constantes modificaciones, lo que choca frontalmente con la vocación del nuevo Código de perdurar en el tiempo. Por otra parte, las normas reguladoras de los transportes son tanto de naturaleza pública como privada, formando un todo unitario que no parece conveniente separar, aunque si se ha considerado pertinente la mención a estos contratos, siquiera sea para derivarnos a su regulación específica, a los efectos de evidenciar su naturaleza mercantil.[4]

Es consensual y no formal. Se perfecciona por el mero consentimiento, sin sujeción a requisitos formales de los que se haga depender su validez.[5] No obstante, al objeto de dar mayor seguridad a la relación contractual, el contrato se instrumenta mediante el billete de pasaje expedido por el transportista al momento de su perfección: bien mediante el pago del precio ante el operador o sus agentes autorizados, bien mediante la formalización de una reserva electrónica.[6] El billete se define en el art. 2 f) del Reglamento (CE) nº 261/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 11 de febrero de 2004, por el que se establecen normas comunes sobre compensación y asistencia a los pasajeros aéreos en caso de denegación de embarque y de cancelación o gran retraso de los vuelos, como todo documento válido que dé derecho al transporte, o su equivalente en forma no impresa, incluida la electrónica, expedido o autorizado por el transportista aéreo o por su agente autorizado. Es un documento nominativo e intransferible, pudiendo ser utilizado únicamente en el viaje para el que fue expedido y en el lugar del avión que se determine (art. 93 LNA). 

El 1 de junio de 2008 fue el día fijado por la IATA para la retirada definitiva del billete en soporte papel y su sustitución por el billete electrónico como forma de documentar el contrato de transporte. Son considerables las ventajas de las que se benefician tanto las compañías aéreas como las agencias de viajes y usuarios, ya que supone un importante ahorro de costes y mayor seguridad, comodidad y agilidad a la hora de tramitar un vuelo[7] al facilitar la contratación desde cualquier lugar.

BIBLIOGRAFÍA:

AA.VV.: “Curso de Derecho Aeronáutico práctico para operadores aéreos.” Trabajos de Derecho Aeronáutico.  Fundación ENAIRE - Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico y del Espacio y de la Aviación Comercial. Madrid, 2016.
EL KAOUTIT, T.: “La responsabilidad de las compañías aéreas por el incumplimiento de los horarios en el contrato de transporte aéreo de pasajeros.” Universidad Rey Juan Carlos. Madrid, 2012.
FERRER TAPIA, B.: “El contrato de transporte aéreo de pasajeros: sujetos, estatutos y responsabilidad.” Ed. Dykinson. Madrid, 2013.
GUERRERO LEBRÓN, M.J. (Dir.): “La responsabilidad del transportista aéreo y la protección de los pasajeros.” Ed. Marcial Pons. Madrid, 2015.
MENÉNDEZ MENÉNDEZ, A. (Dir.): “Régimen jurídico del transporte aéreo.” Ed. Thomson - Civitas. Cizur Menor (Navarra) 2005.
MORILLAS JARILLO, M.J., PETIT LAVALL, M.V., y GUERRERO LEBRÓN, M.J.: “Derecho Aéreo y del Espacio.” Ed. Marcial Pons. Madrid, 2014


[1] Las condiciones generales de la contratación se definen en el art. 1.1 de la Ley 7/1998, de 13 de abril, sobre Condiciones Generales de la Contratación, como “las cláusulas predispuestas cuya incorporación al contrato sea impuesta por una de las partes, con independencia de la autoría material de las mismas, de su apariencia externa, de su extensión y de cualesquiera otras circunstancias, habiendo sido redactadas con la finalidad de ser incorporadas a una pluralidad de contratos.”
[3] Sobre las condiciones generales de la contratación en el contrato de transporte y las prácticas recomendadas de la IATA Vid. VÁZQUEZ RUANO, T.: “Las condiciones generales de la contratación en el transporte aéreo. Especial consideración  a las cláusulas abusivas” en GUERRERO LEBRÓN, M.J. (Dir.): “La responsabilidad del transportista aéreo y la protección de los pasajeros.” Ed. Marcial Pons. Madrid, 2015. Pág. 299 – 332. GONZÁLEZ ROMANO, J.F.: “Aspectos prácticos de la responsabilidad en la contratación del transporte aéreo” en “Curso de Derecho Aeronáutico práctico para operadores aéreos.” Trabajos de Derecho Aeronáutico.  Fundación ENAIRE - Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico y del Espacio y de la Aviación Comercial. Madrid, 2016. Pág. 90 – 124.
[5] Así se deduce del art. 3 del Convenio de Montreal, ya que, en defecto de documento de transporte expedido por el porteador, considera válidocualquier otro medio en que quede constancia de la información señalada en el párrafo 1 podrá sustituir a la expedición del documento mencionado en dicho párrafo. Si se utilizase uno de esos medios, el transportista ofrecerá al pasajero expedir una declaración escrita de la información conservada por esos medios”, incluso, continúa diciendo en su párrafo 5,  que “el incumplimiento de las disposiciones de los párrafos precedentes no afectará a la existencia ni a la validez del contrato de transporte que, no obstante, quedará sujeto a las reglas del presente Convenio incluyendo las relativas a los límites de responsabilidad.”
[6] GONZÁLEZ ROMANO, J.F.: “Aspectos prácticos de la responsabilidad…”Op. Cit. Pág. 94.
[7] Revista SAVIA. Febrero 2008.




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