Reglamento (CE) nº 261/2004: Circunstancias extraordinarias y colisiones entre aves y aeronaves


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Como ya sabemos, el Reglamento (CE) nº 261/2004 de 11 de febrero de 2004, establece los derechos mínimos que asisten a los pasajeros aéreos en caso de denegación de embarque contra su voluntad, cancelación o gran retraso de su vuelo. Estos derechos, así como las condiciones para su aplicación, ya han sido tratados con anterioridad[1], por lo que no volverán a reproducirse aquí. Por el contrario, en esta ocasión se hará referencia a los supuestos en los que el transportista estará exento de pagar la compensación: la concurrencia de circunstancias extraordinarias, prevista en el art. 5.3  del Reglamento: “un transportista aéreo encargado de efectuar un vuelo no está obligado a pagar una compensación conforme al artículo 7 si puede probar que la cancelación se debe a circunstancias extraordinarias que no podrían haberse evitado incluso si se hubieran tomado todas las medidas razonables.”

Dos son los requisitos que se desprenden de este precepto para que pueda aplicarse la exención:
  • Que exista una relación causal suficientemente acreditada por el transportista entre la circunstancia extraordinaria y la cancelación o el retraso producido; y
  • Que la circunstancia extraordinaria no hubiera podido evitarse aun habiendo tomado todas las medidas razonables.

El Considerando 14 del Reglamento señala que “del mismo modo que en el marco del Convenio de Montreal, las obligaciones de los transportistas aéreos encargados de efectuar un vuelo se deben limitar o excluir cuando un suceso haya sido causado por circunstancias extraordinarias que no hubieran podido evitarse incluso si se hubieran tomado todas las medidas razonables. Dichas circunstancias pueden producirse, en particular, en casos de inestabilidad política, condiciones meteorológicas incompatibles con la realización del vuelo, riesgos para la seguridad, deficiencias inesperadas en la seguridad del vuelo y huelgas que afecten a las operaciones de un transportista aéreo encargado de efectuar un vuelo.”

El Considerando 15 del Reglamento indica que “debe considerarse que concurren circunstancias extraordinarias cuando las repercusiones de una decisión de gestión del tránsito aéreo, en relación con una aeronave determinada y en una fecha determinada, den lugar a un gran retraso, a un retraso de un día para el otro o a la cancelación de uno o más vuelos de la aeronave, aunque el transportista aéreo interesado haya hecho todo lo posible por evitar dichos retrasos o cancelaciones.”

Para interpretar el concepto y el alcance de las “circunstancias extraordinarias”, el TJUE ha resuelto (Asunto C-549/07 entre otros) que los términos no definidos por el Derecho comunitario deben interpretarse “conforme al sentido habitual de éstos en el lenguaje corriente, teniendo también en cuenta el contexto en el que se utilizan y los objetivos perseguidos por la normativa de la que forman parte. Además, cuando dichos términos figuran en una disposición que constituye una excepción a un principio o, más en concreto, a normas comunitarias encaminadas a proteger a los consumidores, deben entenderse de tal modo que dicha disposición pueda interpretarse estrictamente.”  A este respecto, atendiendo a los objetivos perseguidos por la norma manifestados en su exposición de motivos, como garantizar un elevado nivel de protección de los pasajeros y reducir las molestias y trastornos que les acarrea un retraso o la cancelación de un vuelo, el TJUE entiende que la excepción del art. 5.3 al principio del derecho de los pasajeros a obtener una compensación (es decir, la exención de pagar la compensación  debido a circunstancias extraordinarias) debe interpretarse de manera estricta.

Señala el Tribunal que las circunstancias mencionadas en el Considerando 14 no constituyen en sí mismas las circunstancias extraordinarias que exoneran al transportista de su obligación de compensar, sino que son acontecimientos que pueden originarlas, por lo que no todas las circunstancias que rodean  a tales sucesos son susceptibles de ocasionar una circunstancia extraordinaria en el sentido del art. 5.3 del Reglamento.

Para poder apreciar la concurrencia de circunstancias extraordinarias que liberen al transportista de su obligación, se requiere que la naturaleza u origen del acontecimiento no sea inherente a su actividad normal, escapando de su control efectivo, por lo que ni aun adoptando todas las “medidas razonables” podría haber evitado la producción del hecho. Ello requiere del análisis de cada caso concreto.

El TJUE acaba de pronunciarse nuevamente sobre el alcance de las circunstancias extraordinarias en su sentencia de 4 de mayo de 2017 recaída en el Asunto C-315/15. Esta sentencia resuelve las cuestiones prejudiciales planteadas por el Tribunal de Distrito de Praga nº 6 que conocía del litigio promovido por Marcela Pešková y Jiří Peška contra Travel Service a.s. ante la negativa de este de compensar por el gran retraso sufrido en su vuelo, fundada en circunstancias extraordinarias acaecidas por el impacto de un ave contra el avión.

El vuelo reservado por los demandantes partía de Burgas (Bulgaria) con destino a Ostrava (República Checa) y formaba parte de la secuencia de vuelos Praga – Burgas - Brno (República Checa) – Burgas - Ostrava. Durante el trayecto Praga-Burgas se detectó una avería en una válvula, por lo que  la aeronave se sometió a una reparación de una hora y cuarenta y cinco minutos de duración.  Posteriormente partió de Burgas a Brno, siendo en el momento del aterrizaje cuando un ave colisiona con el avión. Tras las comprobaciones oportunas debido al incidente, se verificó que la aeronave no había sufrido daños.  A pesar de que las comprobaciones se efectuaron por personal cualificado y autorizado de una empresa local, el propietario de la aeronave exigió que se sometiera al control del personal de Travel Service, cuyo técnico, una vez personado en Brno, pudo constatar que, efectivamente, la aeronave se encontraba en perfecto estado para volar, retomando su actividad para partir a Burgas, y después a Ostrava, trayecto este último que correspondía al vuelo contratado por los demandantes, quienes, a consecuencia de todo lo anterior,  sufrieron un retraso de cinco horas y veinte minutos.

El  Tribunal de Distrito de Praga formula las siguientes cuestiones:

Primera: Si la  colisión entre una aeronave y un ave debe considerarse un “acontecimiento” en el sentido del apartado 22 de la sentencia de 22 de diciembre de 2008 (Asunto C‑549/07), o bien una “circunstancia extraordinaria” en el sentido del considerando 14 del Reglamento nº 261/2004,  o resulta imposible incluir tal colisión en uno de estos dos conceptos.

Segunda: Si las medidas razonables que debe adoptar el transportista para reducir los riesgos de impacto de aves incluyen el control preventivo de la existencia de aves, como dispositivos acústicos o luminosos para ahuyentarlas, ornitólogos, o eliminación de zonas propensas a la concentración de aves.

Tercera: Si el conjunto de medidas  que un transportista aéreo debe adoptar tras una colisión entre una aeronave y un ave, aunque no produzca daños, pueden incluirse en el concepto de circunstancia extraordinaria.

Cuarta: Si, en caso de que se resuelva afirmativamente lo anterior, puede exigirse al transportista aéreo, como medidas razonables, que al planificar los vuelos tenga en cuenta el riesgo de que sea preciso adoptar tales medidas técnicas y administrativas en caso de colisión entre una aeronave y un ave y que prevea esa circunstancia en los horarios de vuelo (No resuelta).

Quinta: Si, en el caso de que un retraso igual o superior a tres horas se deba a la concurrencia de circunstancias extraordinarias y circunstancias que no lo son, el retraso imputable a las primeras puede descontarse del tiempo total del retraso para apreciar si debe compensarse o no.

El TJUE, aplicando la doctrina sentada por anteriores pronunciamientos, resuelve que la avería no puede considerarse circunstancia extraordinaria a los efectos de la aplicación  del art. 5.3 del Reglamento, ya que no escapa al  control efectivo del transportista, por prematuro e inesperado que fuese el fallo de la pieza afectada, pues es un suceso vinculado a su actividad por ser el responsable del mantenimiento de las aeronaves que explota.

Con respecto a la calificación de circunstancia extraordinaria del impacto de un ave contra una aeronave, el Tribunal decide favorablemente, ya que el acontecimiento no está relacionado con el funcionamiento del aparato ni es inherente a la actividad normal del transportista, por lo que la colisión entre aves y aeronaves y los eventuales daños que se produzcan a consecuencia de la misma,  si están comprendidos en el concepto de circunstancias extraordinarias. En estos casos el transportista se vería exonerado de la obligación de compensar por los retrasos ocasionados por este motivo.

Ahora bien, dada la coyuntura del caso de autos, esta conclusión inicial tiene algunos matices, ya que entre las causas del retraso intervino la decisión del propietario de la aeronave de someterla a una segunda inspección por parte del personal de la compañía, de manera que, aun cuando en un principio el transportista pudiera haber alegado circunstancias extraordinarias para liberarse de la obligación, no procede incluirlas en este concepto cuando las comprobaciones de seguridad pertinentes ya han sido realizadas por personal especialista autorizado conforme a la normativa aplicable.

Por lo que se refiere al resto de las cuestiones prejudiciales planteadas, el TJUE dictamina lo siguiente:

El control de aves en aeropuertos y aeródromos puede estar encomendado a otros operadores de transporte aéreo, como los gestores aeroportuarios y controladores de tránsito aéreo, por lo que para determinar la responsabilidad del transportista en estos casos debe atenderse exclusivamente a las obligaciones que le incumben directamente excluyendo las obligaciones que competen a terceros. Es el órgano jurisdiccional nacional quien debe apreciar, a la luz de la normativa técnica y administrativa aplicable, a quien corresponde adoptar las medidas razonables para prevenir la colisión de aves. En el caso de que el transportista pudiera tomar medidas al respecto, solo en este caso debería responder, siempre  y cuando no le impongan aceptar sacrificios insoportables para las capacidades de su empresa.

En cuanto a la posibilidad de que en un retraso ocasionado simultáneamente por circunstancias extraordinarias  y otras no subsumibles en esta categoría, siempre que las circunstancias extraordinarias hayan sido debidamente acreditadas por el transportista, y que aun adoptando medidas razonables no hubieran podido evitarse, el juez nacional descontará el tiempo de retraso imputable a esa circunstancia, de forma que sea objeto de compensación el tiempo de retraso imputable a la circunstancia no extraordinaria.

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